Los términos de servicio

Jonathan Obar, profesor de la Universidad de York, y Anne Oeldorf-Hirsch, profesora de la University of Connecticut, querían comprobar lo que todos sabemos: que nadie lee los términos de servicio en Internet antes de hacer clic en «aceptar». Para ello, llevaron a cabo un estudio en el que se creó un sitio web para una red social falsa denominada «NameDrop», y se invitó a 543 participantes a crear una cuenta en este sitio.

Los términos de servicio de NameDrop, modelados en base a los de LinkedIn, incluían algunas cláusulas, digamos, dudosas: los usuarios concedían permiso a NameDrop para compartir todos sus datos con la NSA y sus futuros empleadores… además de prometer pagar por el servicio entregando a cambio a su primogénito. El 74% de los estudiantes no leyeron las cláusulas en lo absoluto (utilizando una «vía rápida») y el 98% pasaron por alto tanto la cláusula de la NSA como la promesa de entregar su primer hijo como pago (si no tienes un hijo, la licencia te da tiempo hasta el año 2050 para tener uno y entregarlo).

La cláusula del primogénito es conocida como la Cláusula Herodes, y ya había sido utilizada previamente por una compañía londinense en los términos y condiciones de uso de un servicio de WiFi gratuito, con resultados similares. En el estudio de Obar y Oeldorf, incluso las personas que leían el contrato no se tardaban más de 73 segundos en promedio (para 7.977 palabras), lo que nos indica que en realidad no estaban «leyendo» el texto legal: la lectura completa de los términos de servicio habría tomado al menos dieciséis minutos.

Dieciséis minutos en medio de tu jornada de trabajo puede sonar todavía como un tiempo razonable para invertir antes de firmar un contrato, pero esa cifra puede escalar rápidamente: otro estudio, hecho por la universidad Carnegie Mellon en 2012 mostró que si cada persona leyera realmente cada política de privacidad de cada sitio web que visitan, pasarían 76 días laborables al año haciendo exclusivamente eso. Según señalan Obar y Oeldof en su estudio, esto, y no la simple flojera, es la causa de que estemos dispuestos a entregar a nuestros hijos y cualquier otra cosa que nos pidan: simplemente la sobrecarga de información que enfrentamos cada día en Internet, y de la cual están completamente al tanto los servicios y plataformas que crean dichas políticas.

Lo que estas investigaciones vienen a significar, desde el punto de vista práctico, es que el actual modelo de consentimiento de usuario no funciona. Los usuarios ven las políticas de uso como una molestia, como un obstáculo que deben sortear para poder alcanzar el objetivo práctico de utilizar el sitio web, pero nada que pueda haber en el texto los inhibirá de utilizarlo, lo que significa que el texto no está cumpliendo con ningún objetivo real y que el consentimiento de los usuarios está viciado. De modo que la próxima vez que hagas clic en «he leído y acepto los términos y condiciones», has de estar consciente de una cosa: todos sabemos que estás mintiendo.

Confiésalo: tú también entregarías a tu primogénito por un poco de WiFi gratis Compartir en X

lo vi en https://hipertextual.com

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