Las palabras finales de una persona, las últimas que pronuncia antes de morir, se reciben siempre como la cifra de un destino. Sean profundas o, al menos en apariencia, banales, se las toma como condensación del sentido de una vida o de una personalidad entera.

Dicen que la última palabra de Juan Pablo II fue «amén». Que las de Jesús (según Lucas): «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». La línea final de Julio César, al parecer, sonó con melancólica decepción: «¿Tú también, Bruto?».

Es que las últimas palabras de cada persona parecen ofrecer la clave para comprender su destino. Les damos la importancia de una revelación o de un mensaje. Pero, a la vez, nos hablan de secretos que no sabremos nunca del todo.

 «Si ves al futuro, dile que no venga» dijo Juan José Castelli, revelando una gran desconfianza hacia el porvenir. Castelli había sido el orador de la independencia argentina y murió cuando aún la nueva patria no estaba asegurada. La enfermedad que se lo llevó fue, paradójicamente, cáncer de lengua.

«Beatriz, Beatriz«, dicen que suspiró Dante. Su amante Beatriz ya había muerto, pero él la había inmortalizado en su Divina comedia al darle el papel de guía del Paraíso.

Con delicadeza femenina, Ana Bolena, condenada a ser decapitada por falsos cargos presentados por su marido, el temible rey Enrique VIII, prometió a su verdugo: «No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino».

Al ser encontrado en su refugio donde se mantenía escondido, Ernesto Che Guevara instruyó al sargento que iba a dispararle: «Póngase sereno y apunte bien: va usted a matar a un hombre» .

Pasando al mundo de la literatura, el crítico literario Marcelino Menéndez Pelayo evaluó: «¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!».

Pragmático, Lewis Carroll ordenó a su enfermera: «Quíteme esta almohada. Ya no la necesito».

François Rabelais también trató de mantener el control: «¡Que baje el telón, la farsa terminó!» .

Carl Panz ram . Fue un asesino serial y se le conoce como el peor criminal que haya existido, durante su vida asesinó a más de 20 personas, algunas sin motivo alguno. Fue condenado a la horca el cinco de septiembre de 1930. Al momento que su verdugo le preguntó si tenía unas últimas palabras a lo que Panzram contesó: «Apúrate bastardo, yo en tu lugar ya hubiera matado a diez».

Voltaire. El gran filósofo francés no tuvo una muerte violenta, sin embargo corre el rumor que el día de su muerte, 30 de mayo de 1778, cuando un sacerdote le pidió que se arrepintiera y renunciara a Satanás, el científico le respondió: «Buen hombre, éste no es el momento de hacer nuevos enemigos».

Bob Marley, que, tras recibir sin éxito tratamiento en una clínica alemana contra el cáncer, voló moribundo de regreso a Jamaica y tuvo que hacer una escala en Miami al agravarse su estado.

«No llores, a mí me va a ir mejor y prepararé para ti un lugar en el paraíso celestial«, dijo el cantante antes de cerrar definitivamente los ojos mientras le tomaba la mano su compañera Cindy.

el primer ministro británico Winston Churchill, que se despidió con un «es todo tan aburrido«.

El escritor Oscar Wilde, un derrochador que siempre vivió rodeado de lujo y que en el lecho de muerte en un hotel parisino sorbía champán de una copa rodeado de sus amigos mas fieles. «Muero como he vivido, por encima de mis posibilidades«,

y ustedes tienen idea de cual quisieran que fueran sus ultimas palabras antes de morir?

Lo vi en http://foros.librosenred.com