Ese lamento, ¿hace cuánto que no lo escuchaba?… Cuando era niño recuerdo que le oía claramente, algunas veces casi en mi ventana que da al rio, de esta viaja casa a la que me aferre con el tiempo. En aquel entonces juraba que me iría de este lugar, de esta casa sin vecinos en la orilla de este arroyo, que algunas veces hasta desee, las crecidas del caudal arrastraran un día; Pero nunca sucedió, el tiempo trato bien a esta vieja casa, así como me hizo crecer, y deje de escuchar esos lamentos, ese quejido acompañado de sollozo, que de niño me aterraba, con el tiempo empezó a serme menos terrorífico, pero también cada vez fueron mas distantes, hasta que deje de oírlos.

Las cosas cambian, y aquellos lamentos que me aterraban, los llegue a extrañar, pues esta casa me abrazaba y mi poca capacidad de relacionarme con mis similares me hizo sentir una profunda soledad; eran esos lamentos que sentía me acercaban a algo, y aun así me evadían cada vez más distanciados en tiempo, hasta que muchas veces dudaba si realmente alguna vez los había escuchado.

Últimamente me despertaba, sintiendo la sensación que me remitía al recuerdo de aquellos sucesos, como si los hubiese escuchado justo antes de que la niebla de Hipnos se despejara. Y sin embargo hoy, precisamente este 2 de noviembre lo escucho, es claro, y su timbre me remite a mi niñez, siento como si ese llanto me hablara, y me guiara.

Es de noche, y el rio esta crecido, aun así, no aguantare la duda, ¿acaso no es mas bien extraordinario escucharle después de tanto tiempo y quizás nunca más vuelva a escucharla?

Tomo mi lampara de aceite y salgo a la obscuridad, de niño hacia esto a obscuras, pero siempre el sonido me evadía, si sentía que provenía del frente, al avanzar de pronto sentía que estaba tras mío, pero esta vez es distinto, es claro,  cada vez bajo más por el rio y cada vez los lamentos y llantos crecen en su definición, a veces los gritos son desesperados y hacen que mi alma se estremezca y piense en correr… pero después cambian a sollozos de pena genuina, de pesar y melancolía que recuerdan a la misma mía y me hacen volver.

Así, por fin, después de cierto camino diviso en la orilla del rio; Ahí, Debajo de un frondoso árbol, cuyas raíces salen pronunciadas, a una esbelta figura; Apago la lampara para no descubrirme, y la veo  cubierta de una tela cual la mas delicada seda que permite ver su piel blanca como la  nube y su contorno que no disimula su desnudez,  no puedo ver su rostro, pues su mano tapa su cara y boca, tratando de ahogar los lamentos que de sus labios escapan,  me acerco sigilosamente, muy despacio; pero de pronto, ella baja su mano y su rostro, con la poca luz que hay en la penumbra, se divisa, gracias a la luna que asoma tras los nubarrones y permite ver su faz… su belleza es absoluta, pero su rostro se ve colmado de una pena desesperada.

Alguna vez, yo supe de que en este rio, una joven se la llevo el mismo, por algún lugar cercano la encontraron y le dieron sepultura en el pueblo, en la fosa, pues nadie nuca supo de donde venia, nunca hubo reclamos, nunca hubo a la tumba visitas.

Y aun así un día le lleve una flor de recuerdo a aquella fosa, pensando en ella, pues sospechaba que aquel llanto que me perseguía, de su recuerdo provenía.

¿Podría ser ella o su espectro?, o sería el reflejo de mi soledad que rayaba en locura?

De pronto ya no tuve tiempo para pensamientos o dudas, su mirada lentamente se elevo sin duda y se clavo en mis ojos, por un largo momento nos vimos y no hablamos, como si con la mirada pudiéramos reconocer el alma de uno al otro, y así, como empezó, ella retiro la mirada, volteo y soltó un nuevo quejido y llanto como si me ignorara

Ya no tenia caso estar oculto, me incorpore y me acerque cautelosamente, ella parecía no importarle y seguía sumida en su pena, mis manos temblaban de una extraña emoción hasta llegar a ella y con gran nerviosismo la yema de mi dedo rozo su hombro sintiendo una sinigual frescura, retire mi mano y tome la cobija que traía encima, y se la puse para cubrir su cuerpo y proveerle del calor que  seguro requería.

Entonces ella bajo su nivel de sollozo, como si un consuelo mi acción provocara

-¿tú has llorado en este  rio?, ¿tú me asustabas de niño?- Le pregunte con tono tierno pero decidido.

-Asustarte nunca he pretendido- contesto tras un largo suspiro

Esa fue toda su respuesta y se hizo otra vez el silencio, mientras sin darme cuenta, yo la acerque a mi cuerpo y ella se recargaba en mi como si nuestros cuerpos se reconocieran; como si una confianza y paz de años, nos dieran esa naturalidad de viejos amantes

-¿Entonces, Porque lloras? ¿Porque has estado triste? – le interrogue calmado

– Yo… yo lloro, porque estoy sola, lloro porque la niebla se llevo mis recuerdos y sola me encuentro en este rio… Lloro, porque mi mirada no ve y mis oídos no oyen mas que el sonido que nunca cesa del agua de este rio, lloro porque no se de donde vengo ni a donde iré, y lloro porque todo deseo atrás dejé. – respondió terminando con un hondo suspiro

-¿Y sin embargo sabias que aquí estaba, porque no me hablaste antes?- le volví a interrogar

  • Yo se que me buscaste, pero nunca me encontraste, yo, también te buscaba como a ciegas y siempre terminaba sin poder salir de este rio, te llegue a escuchar gritar cuestionando, pero nunca te veía. – me respondió abriendo los ojos con una chispa de emoción que se apago inmediatamente para volver a la misma melancolía

Yo me quedé callado, no se porque, pero que importaba ahora, el misterio se había resuelto, y entonces le dije:

-Pero tontita, ahora ya no estas sola, ¿porque sigues llorando?

Ella fijo profundamente la mirada y tras una pausa respondió: -¿Hoy? Hoy lloro por que mi deseo se cumplió y  mi soledad se rompió, lloro porque mi deseo causara una desgracia y lloro por que aquel que por mí se preocupó, y que también por mi, encontró la desgracia…

Mientras dijo esto, con temor y vergüenza, visiblemente estremeciendo su cuerpo, señalo a la raíz del árbol; Ahí yacía la figura de un hombre boca abajo, ahogado e inmóvil, y ella lanzo un quejido de eterna melancolía.

Y no sentí miedo, más bien, sentí algo increíble en ese momento, me llené de celos al saber que los afectos de ella eran para ese hombre.

Ella me miro ansiosa sin decir palabra, más yo debía asegurarme quien era ese tipo, quien en ese memento era odiado para mí.

Me acerque y tome su cabello y al levantarle la cabeza un disparo de conciencia recorrido mi mente y mi cuerpo fue expulsado hacia atrás, la visión era insoportable, ¡ese hombre… era yo mismo!

¿Quede petrificado y le pregunte…- es esto un sueño? –

  • Ella trataba de contener los sollozos y me dijo: -ni siquiera sé si realmente eso quisiera-, se calmó un poco y relato: – tu me escuchaste y viniste, a la otra orilla del rio me encontraba, hace tanto que no te sentía, y entonces te vi,  por fin te vi, lo que antes no sucedía, pero tu no me veías, entonces empezaste a adentrarte al rio, y yo  me llene de miedo, porque estaba crecido, grite con fuerza, y tu  en vez de que esto te asustara, te animo a cruzar el cauce, que creció aún más por las lluvias de la noche, yo trate de  ir a tu encuentro y extendí mi mano; Pero tú, tu no pudiste con la fuerza y el rio te arrastro …y ahora estas aquí… tu moriste por conocerme y hoy.. hoy es por ti por lo que lloro.

Ella se separo en ese instante y trato de correr y  alejarse de mí, pero yo más por instinto que por otra cosa, pues mi mente divagaba tratando de entender lo sucedido, solo atiné a extender mi mano y tomar la suya, una sensación de calor y frio al mismo tiempo sentí y ella se detuvo, me miro y con un rostro lleno de tristeza cerro los ojos y nos fundimos en un beso de olvido.

Ya no se dé tiempo, de hambre o de frio…  no se cuanto tiempo ha pasado desde mi relato, pero desde entonces permanezco a su lado, los dos nos rescatamos de la soledad que aun sentimos, pero nos acompañamos y el frio olvido se mezcla con el tibio amor que nos tenemos, y ahora es que juntos; los dos, somos quienes penamos a las orillas de este rio.

Fin

Juan Manuel Mtz Maya

Siempre IMAGINA!

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